Yo estaba sentado cuando lo vi pasar, cabizbajo y un tanto pensativo atravesó haciéndose camino entre mis ojos.
Tenía unos focos grandes, una tonalidad oscura y una carrocería un tanto tosca, era una de esas caras que al solo verlas uno sabe que jamás olvidara.
Sin más motivos aparentes un día no apareció, simplemente no estaba, aquellos ojos tristes y piel magullada desaparecieron de su tierra que ahora yo habitaba.
Con un tanto de intriga decidí preguntar a otros “seres” que se le parecían:
-Estimado “ser” -le dije - ¿podría usted decirme donde ha ido aquel otro “ser”?
Por un instante sentí que un silencio abarco la inmensidad de la tierra.
-A sido usted joven el que ha matado a aquello que con tanto afán a denominado “ser”, al igual que como acabaras con migo- Dijo el sin ningún tipo de inflexión.
Un sin número de pensamientos vinieron a mi mente desde lo más recóndito de mi alma desnuda, aquello no podía ser cierto.
-¿Ha dicho usted que yo lo he matado?-conteste un tanto descolocado.
-Sí, usted he dicho-respondió ante mi interrogante- tú y los que te son semejantes.
Un estruendo se da origen en el cielo, un disparo, aquel ser que me llamo asesino ya no estaba…
Dos semanas van desde la última vez que lo vi pasar. Seguramente, pensé, seguramente abra sido uno de esos hombres adinerados el que lo abra tomado cautivo.
En blanco, mi mente está en blanco, ¿Y qué más da?, seguramente ya vendrá otro, al igual que ya se han ido nubes antes y han vuelto otras a consolarme, han enviado primas o tal vez hermanas, incluso algunas más blancas, más bellas que las anteriores, pero jamás iguales a las primeras cuyo recuerdos aun me subyugan el cuello.
Contradicción fatal, mi mente ya no está en blanco y nuevamente lo veo pasar, pero esta vez en mi mente, tal vez como un simple delirio o un fugaz ataque de paranoia. Pero me reconforta, ya no está muerto, para mí no, no mas, aun que este en mi mente.
-¿Cómo te llamas?-me pregunto.
-¿Cómo me llamo?-respondí- aquello es algo relativo, no tengo nombres favoritos, pero puedes llamarme Fausto, como lo hace el resto. Y a ti ¿Cómo te dicen?
Mas después de esto solo silencio, aquel espécimen de “eso” ya no parecía contento, algo le incomodaba y temí que aquello fuese mi presencia.
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